sábado, abril 25, 2009

Ciudad

Baldío. Una mujer rota juega con ropa mustia. Una vieja desmenuza sobre una madera su propia virginidad, y la de su vecina de café, para prepararle un plato gourmet a su nieta de pollera tableada. Y la nieta se mete el dedo en la nariz hurgando en las memorias de quince años, a ver si puede hacer salir por la oreja el recuerdo del sábado pasado en el baño de la matinee. No es hipocresía, es casi una forma de caridad. El ocultar los fluidos más allá, lejos de la epidermis, se asemeja demasiado a una caricia de lástima.
Rascacielo. Un suicida se escribe una carta a sí mismo para explicarse los motivos para seguir viviendo y se la traga empujando con los dedos sucios. Una pareja de recién casados fuma mirándose en el espejo, esperando que alguno confiese algo que rompa la monotonía. No es hipocresía, es como ponerle un celofán al alma, casi como empapelar los órganos con material ignífugo.
Café. Un adolescente subraya la palabra ciudad y enhebra personajes queribles. No es hipocresía, es como matar el tiempo, casi como olvidarse que afuera lo espera un ejército de cadáveresrenault ansiosos por cenarse sus entrañas.

soy tan...

tengo toda esta
pobreza de manos
para darte

toda esta lucidez
de ojos vírgenes
para aplaudir
a rabiar
cada inocencia
intuída

tengo tan poco para
decirte quien soy
que ya no me hace falta

sábado, marzo 14, 2009

algun día vamos a aprender a escribir en cursiva

con una precisión
de silencio arrítimico
fuimos lo que dictaminó
todo aquello que dejamos pasar

(lo que no nos dejamos
morir en eternidades
nacidas del primer estertor)

jueves, marzo 12, 2009

naufragio

"no conocen el viento
aquellos que navegan
en derredor de la esperanza"



pero esta vez
al navegante
lo agarró
un tsunami
y le puso la balsa
patas para arriba.


resulta difícil
despertarse naúfrago
en tierras
de la resignación.

dos

dos luces nuevas
en una avenida
conocida de memoria

dos piernas
por la memoria conocidas
apagando el sentido

recuerdo inventado
de a poco
en remiendos mal hechos

nombrarte ausencia
quimera innata
rendija de la nada.

martes, marzo 03, 2009

Humano

acumulamos películas
y libros
y museos imaginados
cultura
y miedos
poemas a medias
decepciones
y espejos que nos mintieron
revistas
y críticas
billetes
amigos
besos
lluvias
soledades
botellas
y vino compartido
y hojitas de afeitar gastadas
y barbas
pelo
semen
cartas
años
dolores
pretensiones
de omnipotencia
omnisciencia
y verbos.

hacemos un gran inventario
de lo que somos

y todavía
no sabemos
mirarnos a los ojos
sin sintaxis

recuperar
el cielo
que fue la primera
mano que nos rozó

sabernos
sin canciones
que nos describan
de mentira



hacemos un gran inventario
de lo que somos

y todavía no sabemos
decirnos
sin nombrarnos

saltear la distancia
entre dos te quiero.

sábado, febrero 07, 2009

en la pira donde quememos
los ojos ausencia que somos

habré de encontrar
mi perfil primero:

-el hambre que parió
esta única inocencia-

martes, febrero 03, 2009

veinte

guardamos el tiempo

en los cajones

 

jugamos al deseo

hasta rompernos los nudillos

y la sangre fue

                  plena ausencia

 

tomamos mil botellas

con etiquetas que prometían

                      el olvido

o el perdón del final del vino

 

buscamos a tientas

lo perdido

lo que sabíamos

            inhallable:

 

un rosario de adolescentes

bailando una ronda infinita

viernes, diciembre 26, 2008

feísimo

Una pared que sienta
pero que sienta en cada grieta
o porosidad onírica

y rascarla hasta disolver
todo su presente
la absoluta estupefacción
la ceméntica inmovilidad

mimarla hasta que grite:

VERDAD!

y se canse
y me muera la mano
y entonces estar dentro

pasado
vida
pared dislocada
grieta mía
tu
silencio

martes, diciembre 16, 2008

cena

dan los aires

la hora

 

en que las casas gotean

 

en que las puertas nostalgian

antiguos atravesadores

 

 

y todo está

           tan triste

        tan sobrellorado

 

los hijos juegan jueguitos

en que juegan a jugar

 

los padres juegan jueguitos

en que juegan a besar

 

- y la comida hierve

                   en el fuego-

 

-y se come lo que

                       hirvió

horas antes

bajo almidonadas sábanas-

miércoles, diciembre 03, 2008

Candombe imaginando a Malena Muyala

las llamadas,
el repique del tambor,
yerba vieja olvidada
en pretéritas sábanas

tristeza oriental
de murga cansada
llorando un río
de orillas barrosas

bufón borracho
de ginebra rancia,
careta de carnaval
mordida por los perros

un nombre llorado
de tango y candombe

Zitarrosa entre el humo
de dos Gitanes

Gardel y Cabrera
mojándose los pies
en la sangre de tu voz.

tango

como si una puñalada

de tu pasado

pudiera

clavarse entre mis ojos

-y dejarlos mirando

inmóviles

un monitor apagado-

IV

dentro y fuera

lo que penetra

           y separa

 

un instante dual:

la humana contradicción

envuelta en sábanas rojas.

III

quién es en este cuerpo?
quién habita mis manos
cuando desnudan el silencio?

quién bebe de mi miedo?
quién derrama mi sangre
sobre el cuerpo-poema?

I

poder trepar al poste más alto
y descubrir que todo era una mentira

tan solo la farsa de un títere
que ahora cae quebrado al agua

II

alguien va a analizar este poema
diciendo hete aquí una metáfora

y alguien va a querer saber
de quién es esta máscara gastada

comienzo

toda esta memoria:
un inventario mojado

orgasmos viejos con una
canción de Haden y Barron

mera exageración anclada
en el deseo de posteridad

miércoles, noviembre 19, 2008

bis

renacer

desde un puerto

donde ya no venga

a atracar el deseo

 

nacerse

     aséptico

           

          probable

                   

                  propio

 

Va

Algo siempre se escapa
por entre las junturas,
hay algo detrás de la
calle sin salida,
algo se rompe
en las paralelas,

hay siempre un
resultante de la fricción
-y no digo algo más
o menos flácido-

algo se pudre en
los hormigueros,
algo se pierde
más allá de las aristas,
algo quiebra sin aviso
el punto de fuga.

Ahora:

poesía, basura, o grito
música, agua, o tu hermana
arte, vacío, o lamento
tango, orgasmo, u olvido.

Fijate vos.

martes, noviembre 18, 2008

Aquello (relato)

Era la hora de la indecisión; la hora que se suspende en la masa indisoluble que venimos a llamar día; la que se desprende tomando otro color, agrisándose; la que se esconde en los relojes biológicos y empieza a pesar atrás del cuello y en las muñecas: se deja sentir con toda su nada a punto de desarmarse sobre las palmas de las manos. Era la hora del mate que se toma para saltar el abismo que se abre en nuestra continuidad, para no sentirnos tan rotos. Esa que se deja palpar sobre todo en verano, en las terrazas, entre cervezas que se calientan sobre una mesa de plástico. Eran las 7 de la tarde: la hora en constante formación, la rebelde, la frontera entre el día y la noche, la del perfecto vacío, la de los cigarrillos a medio fumar.
El sol había estado particularmente violento ese día, las baldosas todavía hervían y derretían las suelas de las alpargatas. Un polvo fino golpeaba el aire en arremetidas constantes. Todo parecía a punto de arder, revuelto, preso de un ímpetu extraño y casi maldito, pero a la vez una extrema levedad gobernaba las cosas, volviéndolas casi imperceptibles.
Húmedo, esa era la palabra, todo estaba húmedo, pero húmedo como de vino pesado. Húmedo, pero no esa humedad mansa de pueblo a la hora de la siesta, esa humedad de quietud, que se deja moldear en fichas de dominó. Húmedo como de ciudad a la hora que los obreros salen del trabajo, como el aire en el que se funden las frituras y el humo de los colectivos bonaerenses. Húmedo y violento, apurado, como si nada pudiera esperar, como si se debiera correr ya mismo hacia ningún lado.
Pero nadie corría, porque no había nadie que pudiera correr, porque no había nadie; y sobre todo porque lo de hacia ningún lado por lo general tiene carácter de metáfora, pero en este caso parece casi exacto: no había lugar donde correr.
No suele haber muchos lugares donde correr, y mucho menos donde esconderse en un pueblo de cuarenta habitantes. Dos cuadras para acá y hete aquí que está la vía muerta de un tren que nadie recuerda haber visto. Aunque el viejo Justo dice haberlo escuchado cuando tenía unos siete años, desde el jardín de su casa. Una cuadra más allá y una ruta por la que pasan unos veinte autos por día sin siquiera percatarse de la existencia de San Tramo. Más para allá la infinitud de la pampa, un eterno horizonte.
Permítaseme hacer un pequeño paréntesis para hablar un poco acerca del viejo Justo, por supuesto sin perder de vista el meollo de la historia. Con la muerte de su tío Benito en 1996 Don Justo pasó a ser el hombre más viejo del pueblo. Actualmente tiene ochenta y seis años, y sigue viviendo en la misma casa donde pasó su infancia. La misma casa blanca de persianas verdes, con el mismo pequeño jardincito adelante (en el que sigue en pie el mismo sauce que ya casi tapa la puerta) y el mismo enorme jardín trasero lleno de naranjos e higueras. Ya está medio sordo, pero dice que cuando escuchó el tren no, que lo escuchó clarito, como un trueno largo en el medio de una perfecta tarde de verano. También dice que fue el verano más caluroso de todos los que haya pasado en San Tramo, y eso que los veranos acá son como un preludio del infierno. Igualmente esto último no hay que creérselo demasiado, aunque sirve de aderezo perfecto para la historia, repetida desde hace veinte años ininterrumpidamente en todos los asados del pueblo, esos en los que se reúnen todos sus habitantes para un almuerzo de domingo multitudinario. Antes Don Justo era el asador, pero ya hace un par de años que se encarga un tipo de unos treinta años, que labura en una estación de servicio como a unos cincuenta kilómetros de acá, y que le dicen Charly pero se llama Fabián. Ahora Don Justo lo único que hace es sentarse al lado de la damajuana y pedirle a su hija que le sirva cada tanto un vasito, porque ni fuerza para servirse él mismo tiene ya. Cosa que no le impide mamarse de lo lindo, porque ya les digo que entre vasito y vasito se debe tomar como tres cuartos de damajuana por asado. Por suerte los asados son cada un mes o dos más o menos, que sino ya habría espichado hace rato.
Como decía, era un tarde noche bastante rara para San tramo, ante todo por esa violencia del aire que encubría las cosas y que, ayudada por la humedad que acrecentaba el carácter violento de la tarde, había hecho que nadie se diera cuenta que las siete de la tarde habían llegado ya, escondidas detrás de los marcos de los relojes.
Nadie andaba por las calles, sin embargo los ojos que miraban por las ventanas, sobre todo los de la hija de Emilia (esa que se había vuelto medio loca por un tipo que se había aparecido con un auto, y que después de acostarse con ella, se había pegado la vuelta para la ciudad), ya estaban acostumbrados a esa nada, a perseguir, en lugar de figuras, al polvo, a las piedritas que se movían, y cada tanto, en esos días de suerte, el vuelo de un pájaro perdido en el calor abrasivo. Sus ojos ya podían ver el viento, pero no como causa de un efecto determinado observable en otro objeto, sino al viento en sí mismo, en toda su tierna bestialidad.
Así andaban las cosas por el pueblo ese veinte de diciembre, así de raras, de ajenas, de agitadamente extrañas. Algo estaba mal, algo perturbaba a casi todos, algo en ese híbrido entre la pesadez, la calma de siempre, las siete de la tarde, la violencia, y la desconcertante velocidad del día, tenía al pueblo entero alerta, expectante. Se percibía en la cantidad de caras asomadas a las ventanas esperando que algo pase, muchas más que las de costumbre, y con otras expresiones, con ademanes nuevos, muy diferentes a los hombros caídos y la mirada perdida, adiestrada. Ahora la manos se movían nerviosamente, algunos pies golpeaban el piso, alguien se comía las uñas, otro fumaba infinitos cigarrillos apagándolos por la mitad. El mate se cebaba sin parar, y algunos ni siquiera miraban la bombilla para embocarla en la boca, corriendo el riesgo tan conocido de pasar un papelón al metérsela en un ojo. La cerveza terminaba por calentarse en los vasos. En las terrazas no se oía hablar.
Todo parecía estar suspendido, colgando, columpiándose tristemente entre las siete de la tarde, y el sol anteriormente abrasador, flotando sobre la guerra desatada entre la idiosincrasia de San Tramo y el carácter esencialmente irritable del día. Todos estaban a la espera de que algo sucediera. Nadie sabía qué, pero algo tenía que pasar, eso era insoslayable.

Yo me había levantado cerca del mediodía y había almorzado totalmente a oscuras. Salí alrededor de las dos de la tarde a la puerta para fumar un cigarrillo y, recién apagado el cigarrillo pude oler el aire. Ese aire cargado, ese aire de verano que siempre costaba respirar, parecía más espeso aún, como si en lugar de aire fuera un humo transparente. Al viento se lo veía más rebelde que nunca, casi estúpido en su constante ir, en su eterna insistencia.
En el mismo momento en que salí a la puerta y olí el aire, y vi el viento, y sentí la humedad sobre el cuerpo, y escuché la nada, supe que ese día, ese esquizofrénico día, iba a suceder aquello que jamás me atreveré a contarles.

tatoo

un poema

robado de una fiesta.

Borracho,

con polvo en las narices

 

con las metáforas

llenas de sexo con ropa

 

y un par de comparaciones

salidas del cenicero.

 

un poema

escrito sobre tu cuerpo

               - y recitado

                a sorbos

                entre tus piernas-  

sábado, noviembre 01, 2008

tajo

mudanza de sombras pesadas

como un verano sucio

de tías remendando

           matrimonios

 

una poesía en la siesta rota

 

tabaco dulce parte el aire

en mitad de una lluvia vidriosa

 

 

 

dejarse mirar en un espejo muerto

 

                                            roto

viernes, octubre 10, 2008

Off minor

Como si Coltrane quisiera
salirse de la música,

como si sus dedos quisieran
quedarse sin excusas,

como si Thelonious quisiera
entrar por una fusa

como si sus manos quisieran
dejar en mi una rúbrica.

jueves, octubre 09, 2008

Canción del niño (o garchando por un dueño)

Hola

Soy tu cáncer,

tu peor dolor de güevos.

Soy el pendejo que chupa pijas en los baños de Constitución.

Perdón

espere que escupo su viscosidad

en la pileta y sigo.

Sí, no me mire sorprendido,

no se haga el pelotudo.

Todos sabemos que esta guasca

es también su guasca,

nuestra guasca

y la guasca del estúpido que habla.

Y digo habla porque esta cosa

no está hecha para ser leída

en voz baja

para ser susurrada al oído de las pajeras.

Está hecha para gritarla

como grita una pendeja

con el cuadriculado levantado

cuando la coge su simil Brad Pitt,

su príncipe azul,

su amor para toda la vida,

cuando la coge en el estacionamiento

de un shopping

aquel que sí sabe que no es nada

más que eso:

un-garche-en-el-estacionamiento- de-un-shopping.

Pido perdón, el pegamento

me lleva por otros lados

estábamos hablando de la guasca social:

la guasca que pegotea las páginas

de la constitución

y los diplomas de la UBA;

la que chorrea la bandera

en el falo del patio de la escuela de su hijo,

esa que quiere penetrar todo el cielo

nacionalizar el sexo,

esa, la del san la concha de su madre;

la guasca que en las ostias

se disimula como glaseé,

y en las sotanas

no hace falta disimular;

la que sostiene

la dentadura de mi abuela;

la que endurece las hojas

de la carpeta número tres anillada

con los power rangers

cagándose a patadas en la tapa;

la que adhiere estrellitas

a una trapo flameante

en las películas;

la que sella los maletines

que la doña no abrirá;

la que se pega a tu zapato

como chicle y te persigue

por el tren,

y se mete en tu casa,

y mira como coges

con tu esposa,

como un rotweiller

entrenado a latigazos.

guasca vieja,

reventada contra un almohadón

un colchón sucio

el lugar donde debería ir el bigote

la espalda de tu novia

las tetas de una cualquiera

el traje del juez de turno

la puerta de un geriátrico

las paredes del reformatorio

guasca mental

imaginada en bocas hidrolaqueadas

en bombachitas más o menos rosas

en cunas vaciadas

en cuñas

en confesionarios en los que el pecado

es haberle errado a la cavidad

-pero atentos señores y señoritas

no se miren los pantalones

con vergüenza.

mamá los rasqueteó antes de salir.

mírense adentro,

miren su cuerpo inundándose

de fluidos ávidos de humedad-

Fíjense:

Tenemos La Pampa violada,

un sol blanquiamarillo

entre las franjas cielo,

un Uruguay de semen,

un Paraná de saliva

- toda la geografía

moldeada

destruida

fundada

sexualmente -

Consumimos sexo por celular,

por rayos catódicos

por tinta infértil.

Nos consumimos de sexo.

sexo berreta

travestido de inocencia

de nena tonta que simula ser

violada

sexo gritado en titulares

sexo disecado

en museos televisivos

sexo estúpido

en las revistas de la tarde

sexo estúpido

en los baños de Constitución

sexo rebajado

comprado

robado

sexo que corroe

sexo de pobreza

sexo cocaína

sexo que deja guasca

escupida sin querer

sobre la cara impresa

del libertador

de esta podredumbre.

y una chica de quince años

con el evatest en la mochila

un sábado a la tarde

buscando un baño de bar

(con tanto algodón entre las piernas)

(uh!)

-el tipo, ya curtido en tales epopeyas,

llevaba veinte pesos de más

por si al salir del telo no?

no vaya a ser cosa que…

y que parezca uno un desconsiderado

y no haya un par de revolcadas más

a escondidas del general

que si te caza sabés que…

todo eso hasta el “no congeniamos”-

(ah!)

Sepan disculpar:

no quise provocar

no dije amor

ni besar

ni crepúsculo

ni caricia

ni

ni

ni

ni

ni

no usé metáforas

en esta cosa

JA!

Cúlpese a otro de ello.

apunten

disparen

fuego!

martes, agosto 19, 2008

Ventrílocuo

en las espaldas de los mares

sobre la luz mortecina

de dos o tres refugios

                   terrestres

llora el ventrílocuo

que asesina la noche

 

y es todo como un tango

silbado a la distancia

digamos Eslovenia

                   o Kazajstán

 

todo ese gusto a lágrima vieja

toda esa mentira de esperidina

toda esa derrota del signo

                         llorado a medias

                         en vasos de trago largo

                       

                         llenos de espermicida

jueves, agosto 07, 2008

II

hay una playa

     en el horizonte

que es el ocaso

      donde los vientos

                 ululan

pretéritas palabras de sexo

 

hay una playa

      en el horizonte

donde los azules espejos

                 se funden

en la orgásmica prolongación

                     de una vocal

 

hay una playa en el horizonte

que es como un cuerpo socavado

III

se prolonga la espera

en la garganta redentora

 

se atraganta de impotencia

la sílaba oprimida

 

se viola un cuerpo curtido

en la eternización de la promesa

 

sin embargo

 

fulgura sobre la chapa el mismo

sol que en el escudo

I

he venido a servir

a un incierto propósito

de un incierto todo

 

algunos choques se dan

                por imantación

 

dos cuerpos dentro del

                 propósito

que chocan y en conjunta fuerza

                 son ahora el infinito.

No me temas poema...

No me temas poema.

Soy tu carne,

                    la indivisible.

Apenas tu esperma

el vacío de tus silencios

lo vacuo de tu música

el acento que te niega

en el mismo momento

en que acontece

 

apenas un boceto

del sueño en que te soñaron.

blanco

Ah!de haber sabido llorar los intersticios

de haber sabido llamar al último de los estúpidos

                         

                          lagrimear la inocencia final

 

 

Ah! de haber sabido gritar tierra a tiempo

en ciertas inútiles navegaciones mentales         

 

                    de haber despertado en medio de la posesión

                    y sentir el vacío en la ventana abierta

martes, abril 08, 2008

Poema nro. 2




(sobre una fotografía de Adriana Lestido)
La tenue y violenta
inocencia de Alejandra
en su desnudez de ojos grandes
pidiendo a llantos auxilio
y perdones.

Poema nro.3




(sobre una fotografía de Adriana Lestido)
Como si de repente
ese pedacito de ventana arbolada
fuera la infinitud toda,
el deseo,
la imposibilidad,
y la lágrima que roe
el resentimiento.






viernes, abril 04, 2008

Poema nro.1










sobre una fotografía de Adriana Lestido

El chico bajo la manta

que te roba los ojos,

los hace suyos,

los hace vida.

Envuelve tu cuerpo

en la manta

dejando un agujerito

y te obliga mirarte

con él,

mejilla a mejilla

con el frío en la sangre.

Te olbiga a descubrirte

inherte

incrédulo,

tan estúpido que te dan

ganas de matarte,

y sin embargo te perdona,

te envuelve solo a vos

en la frazada.

Te deja durmiendo

y se acuesta temblando

sobe tus piernas.

miércoles, enero 30, 2008

El poema es una puta platinada

El poema es una puta platinada
y masoquista,
hay que golpearlo por todas partes
violarlo como si estuviéramos
desvirgando a maría,
con esas mismas ganas,
como si el poema pudiera
cambiar la historia.

Me contaron

Y fui a buscarlo como un estúpido
travestido
con ganas de quemarle la peluca
y reventarlo contra un paredón,
masacrarlo fálicamente,
y dejarlo pidiendo clemencia
arrodillado sobre los adoquines.

Pero el poema abrió las piernas
y el acceso estaba cerrado.
La imposibilidad de la penetración
me obligó a darme vuelta,
con las ropas ya desgarradas,
y dejar que me golpeara en el culo
con su látigo en forma de tristeza.

Creo que me mintieron.

El poema es una puta platinada
pero extremadamente sádica.

martes, noviembre 06, 2007

No me temas

Estás pariendo mundo.
Algo que se abre.
Algo que presiona y cae.
Tus fibras en un grito.
Algo que te continúa,
que perpetúa tu humana estupidez.

Ahora.

Cuánto estás dispuesto a pagar por tu propia vida?
No me temas, no soy nadie.
Soy solo un pobre infeliz que te dice en la cara su propia mierda.

No me temas, soy la nada.
Tu espejo retrovisor partido al medio.
Una mera exageración de tu memoria.

Digo soy Gastón.
Y eso no cambia nada.

viernes, septiembre 14, 2007

Pulsos

El pulso de la tierra
es pura intuición
de huesos que buscan
la sangre perdida.
La pulsión sexual
el deseo de unirse
con la parte arrancada.

Pero todo se confunde.
Se sabe que nada pertenece.
Sustancias que se buscan.

Cuerpos.

Extremidades fundidas
Orgiástico lazo que todo
lo abarca.

Un beso sobre todas
las pieles.
Dos labios creando:
la verdad del caos

Sentir en mil tactos disímiles
(que son el mismo)
la eternidad de tu sexo.

viernes, agosto 24, 2007

ojos

la flor del espacio infinito
el sexo que se abre sin codicia
el espejo que es el instante
en que nace y perece la eternidad

la mueca que muestra las últimas sombras
el sombreado
el contorno del deseo que se refleja miedo
en ese espejo
que es el instante
en que me doy a luz
y suicido mi penúltimo verso.

Tus ojos atravesando la nada.

miércoles, agosto 15, 2007

Bestia

Soy el sereno que guarda
lo nocturno
en un rincón de la terraza

El señuelo para las luces
que nunca llegan.

Soy la sombra que guarda
mis futuros
en el filo de lo imposible

La figura que creó
la abismal incertidumbre.

La bestia que lucha eternamente
por nacer silencio.

lunes, junio 18, 2007

Pronombres intuitivos

Intuyo desprotección
Intuís abandono
Intuye escape
Intuimos pérdida
Intuyen caída
Intuyen destrucción

Desc-oloc-amos

miércoles, junio 06, 2007

Juguete

Un juguete en un hueco donde no debería estar alcanza para romper una estructura que se creía superior. Tus manos de demiurgo crean cosas imposibles para ojos que no vean a través de vos misma, usándote como lente descubridor.
Entonces no me cabe otra cosa que pensar que fuiste vos quien puso ese juguete en mi hueco, mi último resto de humanidad. Vos fuiste quien hizo que estallara y desbaratara el tiempo, mezclando mis yo y tus mi y fundiéndolos en una lava que queme mis pupilas y me enseñe a verte en una eternidad, formando un todo con mis extremos, siendo un presente total en mi inexistencia abúlica.

viernes, junio 01, 2007

Antigua

Hay un viento en ninguna parte
que me despeina los deseos,
y la antigua, la que será eternamente,
dirige su flotar hacia el punto
donde convergen todos mis yo perdidos,
los que desperdicié, los que desperdiciaron.

El pretérito se torna inmensidad
en una alabanza perfecta
hacia el ego desechado
por involuntad despropia.
El ego-universo ajeno
donde convergen La Antigua
y mis deseos despeinados.

viernes, mayo 18, 2007

poema que agoniza

Quién será
aquel que hoy me diga

en qué garganta
raída de nicotina
nacerá hoy mi voz
tu voz
mis voces
tus voces
las voces

qué pecho de
acongojada estirpe
acuñará mi grito
su grito
tu grito
El grito

quién parirá
mis letras preñadas

quién suicidará
mi sangre
para emerger del tiempo

quién ahogará
mis venas
en vino derramado


quién nacerá
de un verso que muere

martes, mayo 08, 2007

llagas

En la necesidad de deslindarse
de la figura dada
se encuentra la sinrazón
que abarca toda posibilidad
de escape

abarca y aprieta
y aunque digan que no es cierto
se siente en la garganta,
en el estómago
en el centro de los huesos,
en lo interno de las llagas
aún no concebidas.

sábado, abril 28, 2007

sacro

Sacralización de un espíritu
en la debilidad de la espera

intentos por sintonizar
una frecuencia tierra
que se deduce ajena

la paciencia colectiva
estalla desintegrando
el último ademán invisible

la exploración del sendero
que lleva al no-centro de la conciencia

lunes, abril 23, 2007

sobredosis

tanto miedo
en un cúmulo de instantes
que hacen alma en la nada
de un nido improbable

dejar de temblar no es
una opción viable
si la mañana no se decide
a dejarse estar.

Quieto en un rincón,
muriendo de sobredosis
especulativa

viernes, abril 20, 2007

Invernal

frío de sensaciones pasadas

tiritan cosas que no se animaron
a castrar
los progenitores de un mundo
helado

se congelan los pretéritos
siempre imperfectos
con aristas limadas
por la mitad

y una casa en el medio del hielo
derrite todo futuro posible

miércoles, abril 11, 2007

fallido

sangro en tus muñecas
y busco a tientas
un cuello
su aorta
un rostro hecho de polvo
y esperanzas.

manos inquietas
indagan el aire
que el puño encierra
en búsqueda
de lo no-vacío.

miro la nada
comprendo
ya no me sorprende

otro intento fallido
de alcanzar el filo
de mi existencia

domingo, abril 01, 2007

techo

La autoridad proviene del miedo a ser. No te permitiste mentir y jugaste a que sabías donde ibas. Venir a nacer en medio de la humedad edilicia, justo vos que sos tan de ningún lado. Apurás un trago más y vuelve el gusto rancio a tu boca cansada, que ya casi ni se abre para besar o hablar, y pensás en un desierto corporal, en cientos de partecitas ínfimas, inabarcables, de piel que muta segundo a segundo. Entonces se abre esa imagen que sabes que es como una puerta a un vacío ya no tan miedo ni tan sensación, y girás en la cama, mordés la almohada para no gritar que querés saltar el abismo que te separa de tu existencia. Después de todo hay que tener un techo, al menos hasta fin de mes.

martes, marzo 27, 2007

Después

Buscás al primer tipo que te inspire un mínimo de confianza y le preguntas algo, cualquier estupidez. Solo para sentir que todavía sabés hablar, que todavía se te abre la boca y sale un algo, mariposas o cualquier cosa podrida, hediendo idiotez de palabras ajadas de tanto manoseo, que no todo se había acabado en aquellos jadeos gimientes, que no te habías tragado tu espíritu con la primera bocanada de humo del después, que ese cuerpo mojado de hace apenas unos minutos no había consumido toda tu idiotez.
Y seguís, prendes un cigarrillo bajo esa llovizna fina que te pega en la cara como escupitajos de una hermosura que huele a alcohol en vasitos de plástico. Tratas de caminar pisando todas las baldosas flojas que encontrás en el camino para q se te moje el dobladillo de ese jean gastado. Buscás algo en los bolsillos, como si pudiera aparecer algo que agarre el vacío por las patas y lo ahogue en un charquito. Un billete de dos pesos y dos monedas de uno no alcanzan para llenar otro vacío que no sea el del estómago, y el del trecho que pensabas hacer caminando y que ahora podes hacer en tren.
Te seguís mojando, se te hace cada vez más imposible fumar, llegas a la estación, un café, un boleto de cincuenta centavos, abrís ese libro, Bukowski te grita en la cara toda tu mierda pero no lo vas a cerrar, es tu parte masoquista. Te mirás las zapatillas mojadas y pensás que cuando llegues a tu casa vas a tomar algo contra el resfrío. Te piden monedas, les das galletitas, te miran con cariño, y te vas yendo, en su mirada, con el tren, con los bolsillos llenos de aire ajeno, con su olor rodeándolo todo, con un aroma a sexo que irrita a las señoras, con los ojos en los rieles, dejándote vivir.

lunes, marzo 12, 2007

esperanza

estrujo los ojos
y es sangre
el agua que habrá de lavarlos
apenas futura desilusión

baldes de vanidad
contenedores de nuevas iris
por poco reconocibles.

izar las banderas del fracaso.

desconocen el viento
aquellos que navegan
en derredor de la esperanza.

jueves, marzo 08, 2007

IV

El tiempo agonizante, ese que no se decide a morir porque siempre hay algo acechante, dispuesto a irrumpir desde un instante encontrado...

jueves, marzo 01, 2007

III

la voluntad no es requisito
indispensable
para el movimiento

al menos no esta noche

en que acostado sobre mi cama
he corrido por las alcantarillas
dejando el corazón entre las sábanas

lunes, febrero 26, 2007

II

a mis abuelos

cuando el sexo se transforme en
un ejercicio de limpieza mutuo

aun llevará tatuada
la silueta de ese abrazo

y la tinta
se le habrá metido
hasta debajo de los párpados

jueves, febrero 15, 2007

I

si cada beso
fuera en realidad
una despedida para siempre
un hasta nunca
una eternización del olvido

Ah! qué simpleza!

martes, enero 30, 2007

imposibilidad

insomnios insalvables
cafeinados
despastillados
en los que me encuentro
abrazando personas que
jamás querrían abrazarme

y no digo
abrazarme
sino
abrazarme.

abrazando viejos amores
no consumados
ni consumables
confirmo mi incapacidad
para cerrar historias

jamás abiertas

miércoles, diciembre 27, 2006

hasta luego

se anuncia a los poquisimos señores/as visitante q el blog permanecera inactivo durante el lapso de aproximadamente dos meses debido al receso veraniego. Seguramente al volver de esta los textos se acumulen y sobrepongan, pero por ahora dejo un texto ajeno a su entera disposición...

El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.

ALejandra Pizarnik

domingo, noviembre 26, 2006

Edades reales

Rompe la noche
un incienso
que se pasó la vida
buscando un lugar donde humear.

Y es que un lugar donde arder
o flotar junto a almitas sensible
resulta parecido alguno días.

Prefiero la borrachera
de las calles zigzagueantes
que se desnudan suavemente
jugando a ser prostitutas con una media corrida.
O siéndolo realmente, con la boca pintada de brea
y el cuerpo lubricado por el sudor de las motos.
Las colillas de cigarrillo no son más que marcas,
rastros de un pasado algo masoquista, algo país.

Prefiero las hojas de los libros
cuando la letra se ve doble
no por acción de mis ojos
sino por la rebeldía abecedarica
y la flexibilidad del blanco,
que siempre dejando ser,
que siempre sirviendo de apoyo
de plataforma, para disparar algo al mundo.

Prefiero entonces apuntar mis letras
hacia las venas de las calles o de las canaletas,
Y no hacia las tuyas, tan llenas de perdones hipócritas.
Prefiero entonces perder el alma en el viento,
y no entre tus piernas que se olvidaron de jugar,
que se mancharon de crecimiento, de edades,
de semen de jefe hijo de puta.


Habías prometido no cambiar,
habías jurado que ese cigarrillo entre tus dedos
sería la eternidad
Que el río frente a tus ojos sería tu sangre algún día.
Habías jurado,
Habías reído,
Sobre todo eso,
Habías reído.

jueves, noviembre 02, 2006

condicion particular

Cadáver somnoliento desandando la descalza tarde

de a pasitos pequeños,

forzados, sufridos.

Cargando ataúdes ajenos

sobre hombros que se niegan

a perecer por el solo hecho

del qué dirán.


Y ellos siempre están ahí,

esperando que mis rodillas

toquen el suelo,

para mirarme y decirme:
“te lo habíamos advertido …”



y el humo era una flor
formándose

y evaporándose,

convaleciendo ante su propia verdad,

ante el saberse una estela

un aviso,

una nueva vida efímera

que solo se suma al resto para armar el conjunto …


¡Que lástima que nunca lo supiera!

¡Que no lo hubiera advertido!



Quizás si hubiera sabido de su condición particular

el final hubiera sido distinto,

o igual

pero más triste

martes, octubre 17, 2006

Abstracción rumbo a Retiro

A esa chica q vi en el tren un martes, y q a veces se le da por comentar el blog, perdon por usarla sin su consentimiento.


Una chica de pelo corto parada en el tren, y yo tirado en el suelo. Nos conocemos, minimamente pero nos conocemos, es la chica que saca las fotos lindas y que figura en otras fotos de esa otra chica que también saca fotos lindas. Ella lee un libro pequeño, no sabe que estoy ahí, como un espectador atontado tras un vidrio imaginario, pues no levanta la vista. Yo tampoco se si estoy ahí, ella pareciera la única razón por la que me sería dado asegurar que estoy ahí, porque la veo, porque es, y por más perdida o esfumada que parezca, sigue siendo al menos un contorno de mujer con pollera, y medias largas, y chomba. Una chica de pelo corto y ojos profundos, como de tierra, o humanidad. No mira, no levanta la vista, y baja en Martinez, perdiendo sus medias largas entre la multitud de piernas disímiles. Me deja acá o allá , o en algún lugar, quizás entre las vías o en el andén de la estación de un pueblo perdido esperando un tren q ya no pasa por allí, mirándome impersonalmente, tratando de penetrar con mis ojos mi propia intimidad …

miércoles, octubre 04, 2006

sentidos

Un salto mortal, trescientos sesenta grados y una vueltita hacia atrás, un poco de más, hasta caer dentro de la música oceánica ocular, de esas dos masas de melancólica brillantina, de la sustancia primitiva, del agua que arde. No se ve claro, el humo apenas deja vislumbrar a través de él y con mucho esfuerzo, imágenes de etéreos seres regalando graciosas morisquetas. No se oye más que la música perfecta, los oídos embelesados se niegan a otros sonidos por más penetrantes que sean. No se piensa, todo es sensación al extremo, una extensión de las terminales nerviosas hipersensibilizadas, es sabido que las sensaciones inhiben cualquier amago de razonamiento por más poco lúcido que este sea. Gritar es en vano, susurrar también, todo intento de vociferar algo, coherente o no, se pierde en la masa uniforme de gelatina aislante que todo lo atrapa y lo reduce a silencio. Tratar de determinar algo mediante el olfato es una utopía irrealizable, todos los aromas se funden en uno solo, único e indescriptible, un aroma como a mundo o a humanidad, o quizás a tu cuerpo, no se. El tacto es quizás lo más extraño, es atravesar las cosas y a la vez sorprenderse ante la imposibilidad de pasar hacia el otro lado, es tocar piel y que se derrita, es sentirse tocado invisiblemente por un millón de objetos al mismo tiempo, en el mismo segundo sentir todas las texturas del mundo sobre la piel, agujas y caricias de madre, o de novia, aguijones, y piedra áspera, y algodón.
Tratar de salirse sería demasiado utópico y tonto a la vez, sería hacer toda una revolución, pero sin compañeros posibles, tratar de salir sería morir para seguir caminando verticalmente, entonces mejor adoptar posición fetal y dejarse amansar por la muerte, hasta que llegue la vida.

martes, octubre 03, 2006

Mientras

Mientras exista ese blues
que no se cansa de tus ojos
no se llenará la distancia.

Mientras los caminos se bifurquen
en el momento exacto
en que desaparecen las cosas
que creíamos saber,
y tomen rumbos antagónicos,
y exista ese deseo imposible
de desdoblarse para correr
hacia ambos lados.

Mientras sigamos buscando
las cosas que creíamos
haber encontrado
y que de pronto
se nos figuraron
tan ajenas.

Mientras sigamos enapropiando
esas cosas que creíamos
tan ajenas.

Mientras seamos
los caídos en la brisa
y los firmes en la tormenta.

Mientras seamos
una paradójica contradicción.

Mientras seamos …

No se llenará la distancia.

martes, septiembre 19, 2006

Hacerme un estofado de ojos multicolores
(Sí, también con los tuyos, aunque sean tan lindos)

lunes, septiembre 11, 2006

Reflejo de una nueva nada

Dibujar una imagen alegre.
Un nene con globitos y flores,
como para compensar
ese espacio entre nuestros
cuerpos,
equidistantes con respecto a ese otro
cuerpo.

Reflejo de sexos y
cosas frágiles,
otras suavidades
y excesos.

Perfectas instituciones pudriéndose
bajo tierra(mejor)
Siempre bajo la misma tierra,
esa que tapará tus adioses.

Mmmmmmhhhhhhh … saborear el polvo de la partida
hacia una nueva nada …

miércoles, septiembre 06, 2006

Abrazo

Un frío seco en los ojos,
miedo de no encontrar la nota justa,
el tono de voz para decirte
que te vayas a la mierda
y pedirte q me abraces
como solo vos sabes hacer
con una cachetada abarcadora
o una caricia colmante

y sentir como una estocada
o un escape.

domingo, septiembre 03, 2006

Aborto

Ayer aborté un sentimiento, un pedazo de materia nervioafectiva nacido del encuentro de dos estructuras paralelas, del choque violento de dos realidad imposibles, de dos inexactitudes exasperantes, de dos escapistas eternos, de dos seres humanos. Me paré y vomité el feto-sentimiento sobre la mesa. Cuando volví hoy, todavía seguía ahí, inmóvil, inanimado, rodeado de un charco de sangre espesa. No me animé a quitarlo con un ademán rápido, y aún sigue ahí, una masa de carne a medio nacer, una imagen sin espíritu, una nada que quizás mañana sea literatura,
o grito.

miércoles, agosto 30, 2006

Primitivo

Algo primitivo, puro, en potencia, no-invadido, con posibilidad de cambio, de nuevos horizontes, pero estático. Sí, estático. ¿Qué?¿pensaste que te iba a dejar que lo hicieras a tu manera, que lo adaptaras a tu estructura de reloj bípedo, de estúpido buscacentro, de hombre de plastilina?. No, no te voy a dejar, que digas esto cosa eso, que clasifiques, esto: serpentina humeante. ¿En potencia dije? Perdón, me equivocaba. Estático era, imposible de invadir. ¿Qué no lo entendés, que es muy rústico? Y a mi qué carajo me importa, la razón se duerme en lo que subyace bajo la tierra de tus tiempos, uy, minuto, hora, nada, nada … un estallido y vida, y cosas que caen, y vos evolucionando, siempre como espejo de la destrucción silencio

jueves, agosto 24, 2006

Cosas que uno hace

Cosas que uno hace

“smoking a cigarrete, alone at night,
the light of my cigarrete,
is the only light in town tonight”
(de un blues que alguna vez canté pero no pienso terminar)

El tratamiento de una idea
seudofilosófica,
o tomar café con leche
y revolver con una cucharita
-siempre más chica que lo mínimamente necesario-
la luz q entra por la persiana abierta.

Tratar de escribir una hipótesis
más o menos aceptable,
o abrir un libro que siempre
se abre en el mismo poema,
siempre en el mismo hermoso poema,
como ese de Cortázar: “ándele”
o aquel otro de Medina Vidal: “soy feliz”.

Especular acerca de la posibilidad
de un encuentro amoroso
con la vecina de la amiga de mi prima,
o esas ganas de escuchar aquel disco
que le presté a nosequien
y que se ve reemplazado inevitablemente
por la música q escuchan los vecinos
(que no está tan mal después de todo).

Intentar escribir un soneto más o menos digno
para que le guste a ella, a la rubia esa
que tiene una gran predilección por las formas clásicas,
aparte de otros atributos bastante más importante,
o cantar ese blues que nunca voy a escribir entero
porque me da mucha tristeza y porque no se tocar la guitarra.

En fin, querer escribir un poema en cinco estrofas,
o esas cosas que uno hace lo jueves a la tarde.

viernes, agosto 18, 2006

Bailarina

Vamos,
no te aflijas
vení,
seamos desconocidos,
pero no como esa fría
forma de hipocresía
sino para sabernos
sin reparos
ni preconceptos.
Dale, ponete la remera
y bajate de la cama.
Animate,
ya se que parece extraño,
pero es lindo.
Extraviemos las ciudades
en cualquier río
y fundamos risas y humo
para fundar algo nuevo.
Vamos,
sigamos hasta que se funda
algún cielo
y haya que buscar otro.
Soñemos los marfiles
y las estrellas
y dejémoslas reposando
en un charquito,
como si nada,
como si hombre …

Dale, vení bailarina,
movete, vestite,
desarmate, ahorcate,
como si humana …

sábado, agosto 12, 2006

Tristeza

Malabarista de ausencias
no vale llorar por lo que no seremos,
que lo que no escapa
de los límites
de la imagen
no queda,
¿quién dice?
que lo dicho es ido
y en los laberintos en los que
pierden sus últimos vapores
los que se fueron en búsqueda
de músicas imperfectas
a latitudes fuera de
lo que dicen real
¿pero quién dice lo real?
que lo dicho sea perdido
y enterrado sin ceremonia
junto a leyes ancestrales
y calaveras de vidas futuras,
y que nadie más diga
yo seré, fui, nosotros
buscamos, perdimos,
que nada vale
una vez dicho.

Malabarista de ausencias,
no vale llorar por lo que fuiste,
guardá la lágrimas para
las baldosas, y otras cosas
mucho más importante
que no haber sido lo dicho.

lunes, agosto 07, 2006

Box


(Este texto lo había escrito mucho tiempo antes de conocer la obra de Pablo Suarez.Casualidad o no, cuando vi la foto de la obra en una revista me recordó a esta prosa olvidada, y bue...creo que tienen mucho que ver... Ah, el título de la obra es "el enemigo invisible" y es de 2001)

Estoy triste y no se por qué. No es ese estado de melancolía constante que siempre me mantiene apresado. Es distinto, algo muy parecido a la desilusión, o más bien a la impotencia. La metáfora del boxeador ciego, que recibe la paliza sin saber de donde provienen los golpes. Eso soy, un boxeador ciego que tira golpes al aire intentando defenderse pero no lo logra, y solo le pega al viento. Un boxeador dejando la sangre en la lona pero que todavía se mantiene parado como por arte de magia, quizás por un par de ilusiones y dos o tres deseos.
Un boxeador que no acierta y que está perdiendo el tercer round por puntos. Un boxeador que tira golpes al aire tratando de agarrar un sueño al vuelo, no tanto la cara de su enemigo, que en realidad no es una sino múltiples. Un enemigo que no es tal físicamente, un enemigo invisible, tal vez más peligroso que aquel al que se puede ver luciendo su cuerpo de mole gimnástica. Un enemigo múltiple que es nadie y todos a la vez. El más peligroso, el invencible. No importa de quien hablo, algunos ya lo sabrán...
Suena la campana. ¡A sus rincones!...
Pero pasado el efecto está de nuevo encima...

[Fiesta] (¿un sueño?)

Para la chica de la fiesta, la etérea, que tal vez algún día lo lea y se ría.


Aunque todo titile, y refuljan las mil ausencias de los cuerpos sin nombre y de los vidrios desperdigados; aunque todo esté a punto de quebrarse-quebrarnos; aunque todo aceche desde los rincones, en oscuridades impenetrables; aunque sepamos que lo acechante es lo que hiere las capas internas sin dejar huellas visibles; aunque sepamos que lo que vas a decir, sea o no verdad (eso es el fin y al cabo lo que menos nos importa a ambos), va a desparecer con la música estridente de alguna banda perdida en el tiempo que se le ocurrió desembarcar justo aquí esta noche para llevarse tus sílabas(porque no me vas a mentir diciendo que alguien eligió la canción, eh, a mi no); aunque sepamos que hoy no somos nosotros, que somos dos cuerpos con los órganos mal distribuidos y la cabeza alienada; aunque sepamos que nada de lo que pase va a tener sentido; aunque sepamos que esto no es más que una fiesta y que nada va escaparse de los límites de la palabra fiesta: es lindo que te acerques fumando un cigarrillo, y me digas te quiero, y nos miremos con los ojos perdidos, y estemos frente a frente, como tantas veces, pero en otra parte, y entonces tenga deseos de besarte, pero no lo haga porque así es más lindo, porque hoy nada debe estallar, porque así lo indicaba la calle vacía antes de entrar, porque así ha de ser, y porque sos tan etérea que no dan ganas de invadirte …

jueves, agosto 03, 2006

En contra

(Aca la nueva versión de un viejo cuento. Para los que no la leyeron es la única pero para los q ya lo leyeron tiene unos pequeños cambios y le agruegue una partecita) Es un poco extenso pero con un poco de ganas se llega al final...

Dijiste adiós a dioses inventados, prendiste la otra mitad del cigarrillo que habías apagado hace años pero aún perduraba en el cenicero (caían las cenizas pero éste parecía pegado a la madera), y te largaste a navegar aferrada a la colilla... a la colilla de una comedia que no viste, un poco porque a vos te gustaban los dramas y otro poco por el precio de la entrada.
Te largaste a navegar... y navegaste catarata arriba como era de esperar. Estaba escrito en vos, estabas contra todo, si decían blanco para vos era verde oscuro, si decían verde oscuro para vos era amarillo patito, y así... así te contradecías, ese era tu encanto. Te gustaba tanto llevarle la contra a todo y a todos, que estabas contra vos misma y te suicidabas cada mañana con pastillas de almendra y chocolate, esa era tu pequeña y verdadera comedia. Por eso no te gustaban las comedias, porque estabas en contra de los espejos. Aunque en realidad tampoco te gustaban los dramas, porque estabas en contra del otro que hay en uno, tanto que alguna vez lo quisiste arrancar de adentro tuyo con una pincita de depilar pero no pudiste porque faltaba cera y vos estabas en contra de la cera, un poco porque dolía y otro poco porque era demasiado verde y opacaba a los árboles que eran los verdaderos verdes.
Los árboles te gustaban hasta que te enganchaste el pie con la raíz de un alerce y casi te boxeas con un palo borracho, suerte para él que pudo salir corriendo y vos no porque tenías las raíces demasiado enterradas en la tierra. También estabas en contra de la tierra porque la habitaban gusanos que se te subían al tronco y te molestaban, tampoco te gustaban los pájaros porque te jodían entre las hojas y porque eran, en cierta forma, más libres que la mayoría, si a eso se le puede llamar libertad, me lo dijiste, ellos también están presos de la muerte...la muerte, era una de las pocas cosas a las que no le llevabas la contra, primero porque, aunque te gustaban los invencibles, ésta era demasiado, lo sabías, todos nacemos muertos, y segundo porque ya habías dicho adiós a los dioses inventados, y ya habías pintado a Adán y Eva comiendo sandía y tomando vino en el desierto (una obra ma-ra-vi-llo-sa) y no te gustaban los premios consuelo.
Tal vez esta resignación ante la muerte era lo que te había llevado a vivir así, yendo contra todo, buscándole un sentido o un no-sentido a la vida, cosas que te abrumaban por igual.
Iciste cosas orribles porque estabas en contra del silencio. Sí, del silencio, por eso salías a gritar a viva voz en medio de la calle a las tres de la mañana. Pero también estabas en contra del ruido, por eso te acías callar a sopapos.
Esa eras vos, una contradicción, un sí y un no mezclándose en el espacio etéreo, un cartel luminoso en la noche oscura pero con las lamparitas apagadas porque estabas en contra de la luz. Eras tu espejo, tu doble, tu contracara, tu costado, eras vos y no eras nadie. Y eso era lo hermoso... eras nadie, un soplo, una ola, una nube, eras nadie pero eras todo, un poco de todo. Eras semánticamente ambigua y vaga, y sintácticamente amorfa. Pero a vos te importaban un carajo la semántica y la sintáxis y cuando te lo dije me respondiste que no mintiera porque yo sabía muy bien que no eras vaga y bien estabas formadita que. Estabas bien formada, es verdad, pero mal informada y todavía estabas en contra del feudalismo que habían tratado de enseñarte en historia y que te negabas a aprender, contradiciendo a la profesora, diciéndole que estos señores no habían existido, y queriendo armar una revolución no sé muy bien si contra los señores feudales de los libros o contra los profesores de historia y los libros. Pero estabas en contra de las revoluciones, entonces se cayó la idea en otro de esos pozos de donde las rescatan después los arqueólogos posmodernos. Pero vos estabas en contra de los arqueólogos porque sentías que invadían el pasado, que lo profanaban, y en lugar de construirlo lo destruían. Estabas en contra de los arqueólogos y también de los pozos, por eso tapaste la revolución con tierra, para que no estuviera en un pozo y para que los arqueólogos no la encontraran, e hicieran mierda tan bella y utópica idea. Las utopías... vos no estabas en contra de las utopías, o en realidad sí, porque estabas en contra de vos misma y vos eras simplemente una compleja utopía hecha carne, una idealista de ideas contradictorias, una coleccionista de peleas, una botella flotando en el mar con un papel en blanco adentro, pero con el corcho un poco flojo para que cada uno pudiera escribir lo que quisiera pero siempre se borrase, como vos, como tu imagen de princesa del baile de las cavernas, con el vestido desgarrado y los ojos tristes y perdidos que se desvanecían segundos después de mirarlos. Eras la perla desconchada de la catarata.
Fue una lástima que no nos hayamos podido cruzar, era imposible, íbamos viajando en la misma dirección, y vos estabas en contra de los cambios. Yo no, pero aunque hubiera cambiado de dirección no habría servido para nada, porque había salido más tarde y siempre te había mirado desde abajo.
Y así seguimos por unos cuantos años, esquivando las piedras y los peces que nos llovían, o nos tiraban desde arriba. No supe más de vos, un pajarraco gigante me pescó por la camisa y me llevó volando hasta arrojarme en un lago.Después de eso dejé de envidiar a los pájaros (me dio miedo volar a tanta altura) y también a Moisés (si a mi me parecieron eternos cinco minutos en el agua no me quiero imaginar a él).
En cuanto a vos, ni siquiera te diste vuelta para saludarme. Te entiendo, te tendrías que haber soltado de la colilla del cigarrillo cómico-cósmico y vos estabas en contra de los naufragios, y sobre todo, de las despedidas.
Recién volví a encontrarte hace unos años, me acuerdo perfectamente, ibas caminando por la peatonal con una aire de superioridad que desconocía totalmente, sostenías un cigarrillo en la mano derecha sin la menor gracia... justo en esa mano, esa mano que era una vida y era el abrigo y la intemperie, la intemperie de saberse desvestido con el mínimo roce... ese mínimo roce que a veces podía ser de labios y rasgar las camisas o de pómulos y cocerlas con tan solo espirar el humo por la nariz. Me acuerdo que te seguí como diez cuadras, frenando detrás de vos en cada vidriera de cada zapatería, por miedo a pasarte, a dejar de ver esa espalda que era como el campo, pero que ahora, a pesar de mantener esa forma de pureza sobrenatural, habia adquirido otra manera de arquearse, otro compás, había perdido ese desdén casi cósmico de vidas anteriores.
Cuando llegamos a aquella avenida ancha donde está el monumento, recién ahí, pude vencer el miedo a abandonar la dulce visión y ponerme al lado tuyo.
Caminamos dos cuadras más en silencio. Vos te acordabas de mi, estaba seguro, después de todo no habían pasado más de diez años. Dije hola, no se porqué pero dije hola, y vos dijiste hola también, y tu voz no era la misma, en algún punto del camino había abandonado aquel timbre, ese color a través del cual brotaban contradicciones de las más diversas formas y colores, pececitos amarillo, redes azules, pescadores negros, tiburones fucsia, y así. Ahora parecía más bien una voz acartonada de secretaria y café a las 5 de la tarde en el consultorio de un médico que está operando y no-pude-atender-a-nadie. Dije cómo andas, de nuevo sin saber porqué, y antes que me contestaras, saqué, con toda la naturalidad que la situación me permitía, dos cigarrillos, y te convidé, y te di fuego, y te invité a tomar un café con las poca monedas que me quedaban, y charlamos, o no, y yo miré, no charlé, miré, y me invitaste a comer a tu casa, quizás más por lástima que por otra cosa, y yo dije que sí, más porque tenía hambre que por otra cosa, y me llevaste en el auto, y resulta que vivías en Palermo, y que lo que mis ojos u oídos habían creído percibir pero se negaban a aceptar rotundamente se confirmó durante esa cena...
Estabas distinta, más calmada, tenías una sirvienta, unos cuantos hijitos rubios y bien vestidos, un tipo que no te pegaba ni tomaba vodka todo el día, un perro, un labrador hermoso, uno de esos a los que antes le llevabas la contra, un vestido largo y rosa, un rosal, un rosario, una casa con pileta y diario por la mañana, comidas con señores de traje que se masturbaban ante la imagen de un billete de cien pesos y que se acostaban con vos y tu collar de perlas de tanto en tanto, un marido que se dedicaba a lastimar putas en los burdeles del puerto los sábados a la noche hundiendo su nariz en el olor excitante de la sangre y en su propia mierda, y un lindo auto grande y negro.
Seguías siendo muchas pero habías aprendido semántica y sintáxis, y otras cosas que no importan ya, como aspirarte una línea, pero cada tanto y en ocasiones especiales (cumpleaños de la hijita menor, la más rubiecita, pura y malcriada por la sirvienta de dos con cincuenta la hora, ¡esta mina no sabe hacer nada!, cama adentro y encamada adentro, un poco con vos y otro con tu marido).
Vos sabías que yo era así, y que no me iba a poder resistir, pero no te importó, igual esperaste hasta que hice lo que hice, y sí, qué otra cosa iba a hacer yo, más que pararme frente a tu nueva imagen y decirte que estaba en contra tuyo. Obviamente me echaste a patadas en el culo con tu zapato puntiagudo diseñador sádico último modelo con punta de acero inoxidable. Habías cambiado, se notaba. Según vos estabas mejor.